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Boda entre palmeras

Qué gusto da formar parte de las bodas de nuestras seguidoras. Se crea un vínculo emocional difícil de explicar. Una complicidad basada en el cariño y la confianza que hace que todo proyecto brille más.

María, nuestra dulce María, se casó un precioso 9 de julio. Meses antes se acercó a nuestra floristería para contarnos qué quería para su boda. Nosotras supimos desde ese mismo instante que sería una de las novias más bonitas que hemos tenido.

Os contaré algo: desde que participamos en la boda de María, le hemos dado un pequeño giro a nuestra filosofía de trabajo en la floristería. No sé si sabréis que nosotros solo decoramos una boda al día. Eso es parte del funcionamiento de lo que queremos y creemos que es nuestra filosofía. Es una manera de asegurarnos todavía más de que todo sale a la perfección. Le dedicamos más tiempo a cada una de nuestras bodas, mimamos más cada aspecto de esta. La disfrutamos infinitamente más. Esta decisión la tomamos justo ese mismo 9 de julio.

Fue un sábado de julio cualquiera, pero en lugar de tener dos o más bodas el mismo día (mañana y tarde, claro), solo tuvimos la de María y Pepe. Una vez terminamos de decorar la iglesia, nos acercamos a casa de la novia para preparar el coche y entregarle el ramo de novia. Como en toda boda, siempre hay situaciones inesperadas y en esta ocasión nos tuvimos que esperar un ratito a que nos trajeran el coche de la novia. Bien, pues fue justo en ese ratito de espera que decidimos que, como equipo y como familia, le daríamos un pequeño giro a la dinámica de las bodas: solo haríamos una al día.

Disfrutamos tanto compartiendo con la novia los momentos previos a la ceremonia… La peluquera, los ganchos, el tocado sujétalo que le hago una foto, el vestido colgando, el velo cuidado que no se arrugue, explícale a María como tiene que llevar el ramo, hazme una foto así con el ramo, chicas salís en el video, pues para el recuerdo, ¿mamá donde tengo las arras?, ¿y los anillos? que las chicas de la floristería tienen que ponerlo todo en las cajitas, qué mono quedó el cinturón en el vestido al final, el ramo lleva mis rosas favoritas, los colores son preciosos, creo que acabo de oír la puerta grande abrirse, eso es que nos traen el coche, se ha quedado precioso… y así hasta ver a la novia radiante con su Jesús Peiró (clásico, elegante y fino), sus bailarinas de Marian Loves Shoes (en un color nude maravilloso y personalizadas para la novia), su recogido, el tocado, el ramo… Estaba preciosa.

Al poco tiempo nos despedimos, le deseamos toda la felicidad del mundo y le agradecimos que nos hubieran tratado como familia. Cuando salimos por la puerta de la casa supimos que en eso es en lo que se basa nuestro trabajo. Esos ratitos son los que nos hacen sentir vivos, felices. Son esos ratitos los que nos empujan a mejorar, a crear, a valorar todavía más cada aspecto de nuestras bodas. Entendimos que nuestro trabajo debía representar las alegrías, el disfrute y la ilusión en un día tan bonito para nuestras novias.

Hoy compartimos con vosotros un trocito de su día – gracias a las fotos de Aloha Estudio (fotógrafos que, por cierto, nos encantan) – y un trocito de nuestra historia, nuestra filosofía y el amor por nuestro trabajo. Gracias María y familia por habernos ayudado a comprender mejor, si se podía, el verdadero sentido de este hobby al que llamamos trabajo.

Bisous,

C.

Ophelia
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