Hay novias que, aunque parezca imposible, son más bonitas por dentro de lo que ya lo son por fuera. Virginia fue una novia espectacular en todos los sentidos. Siempre fina y elegante. Una novia orgullosa de sus raíces y de las de su pareja, Alexander...

Las bodas tienen que ser tan personales que no existan dos iguales. Que sea única, irrepetible, inigualable. Que despierte tantas emociones en los novios que sientan que el día de su boda fue la más maravillosa muestra del amor que se profesan. Que echen la vista atrás con los años y coincidan en que no hubiese habido un mejor momento ni más oportuno para sellar su amor. Que fue el mejor día del mundo, en el mejor lugar del mundo, junto a las mejores personas del mundo. Y, lo más importante, que no cambiarían absolutamente nada. Así disfrutaron Ana y Jose del día de su boda un 21 de octubre. Han sido una de esas parejas de las que ¡nos hizo tanta ilusión que se casaran! No hacía falta que se miraran o se tocaran para sentir la conexión que tienen. Cuando los dos están en un mismo lugar, no queda espacio ni aire sin llenar de magia y amor. Esto mismo ocurrió cuando vinieron a la primera reunión en la floristería: nos dejaron el ambiente cargado de emociones excepcionales. Y a nosotros, con eso, ya nos habían enamorado.